martes, 9 de junio de 2009

LA MASACRE DE MC DONALD´S

Conclusión


Lic Pedro Rivera Briseño




Regresó con sus armas en la mano y empezó a disparar indiscriminadamente; eran las 15:40 horas y había cruzado la línea. Llevaba una ametralladora Uzi, una escopeta de doble cañón y una pistola. La policía fue alertada, pero se equivocaron nuevamente y se dirigieron a un McDonald’s ubicado cerca de la frontera con Tijuana; al ver que no sucedía nada, pensaron que se había tratado de una broma. Se marcharon y eso permitió que Huberty se diera gusto matando personas durante casi una hora y media.


En el transcurso de un asedio que duró ochenta y dos minutos, descerrajó doscientos cincuenta y siete tiros contra los clientes aterrorizados, matando a veintiuno e hiriendo a diecinueve más. Asesinó a clientes y empleados, principalmente a hispanos. Muchos de ellos eran niños. Mientras disparaba, gritaba que había matado a cientos de personas en Vietnam; pero era mentira, pues Huberty nunca estuvo en el ejército. La policía llegó al McDonald’s, rodeó el lugar y se inició una tensa espera. Huberty no iba a negociar la vida de los rehenes: lo que deseaba era asesinarlos. El Swat ( Special Weapons and Tactics (armas y tácticas especiales), y originalmente Special Weapons Attack Team (Equipo de ataque de armas especiales) no supo qué hacer corrían de un lado a otro.


Finalmente, un policía llamado Chuck Foster le disparó en el pecho y lo mató. Debido al número tan elevado de muertos, las funerarias locales no se dieron abasto y los cuerpos tuvieron que ser colocados en el Centro Cívico de San Ysidro; tampoco la Iglesia Monte Carmelo, que tenía cadáveres esperando turno para las exequias.


La reacción oficial a la masacre fue casi tan trágica y catastrófica como el propio suceso. Si la cobertura televisiva puede servir de ilustración, el Estado y sus distintos organismos sólo intervinieron para expresar su estupefacción ante los móviles del asesino y ofrecer los servicios de terapeutas para que ayudaran a las víctimas (presentes y futuras) a “ajustarse” al shock. A los pocos días de la matanza, se envió a un grupo de científicos para que encontraran respuestas al caso Huberty. Pero, curiosamente, se les instruyó para que investigaran en una falsa dirección: se les dijo que diseccionaran su cerebro en busca de alguna misteriosa lesión, pero en ningún caso que analizaran el significado social de sus actos.


La oficina forense ordenó practicarle al cadáver de Huberty todos los exámenes posibles, entre ellos análisis toxicológicos. Se le encontró una cantidad inusual de cadmio: "la suficiente para matar a dos personas", dijeron los forenses. El cadmio es un metal pesado que cuando ingresa al organismo destruye los riñones y daña el sistema nervioso. Los expertos no se explicaban cómo es que Huberty no había muerto semanas atrás.


Investigaron cómo fue que Huberty se contaminó y encontraron que, antes de migrar a California, trabajó como soldador. La exposición a los gases tóxicos, sin protección alguna, le enfermaron y provocaron trastornos mentales. Un antiguo compañero de trabajo declaró que Huberty continuamente decía que los humos de la soldadura lo estaban volviendo loco.William Walsh, quien estudió el caso desde el principio, hizo un descubrimiento sorprendente: en el organismo de Huberty (y en el de otros que han ejecutado masacres y actos de extrema violencia) se encontró la presencia y acumulación de contaminantes de propiedades neurotóxicas. La relación entre la presencia de ciertos contaminantes que afectan la conducta humana y el crimen violento interesó, desde los noventa, a numerosos investigadores de los campos de la neurotoxicología, la criminología y la salud ambiental.


El 26 de septiembre de 1984, semanas después de la masacre, la cadena McDonald’s derribó el restaurante y donó el terreno a la ciudad. En el lugar de la masacre se levantó un monumento en memoria de las víctimas: 21 pilares hexagonales de granito. Desde entonces, cada 2 de noviembre, Día de los Muertos en México, el lugar se llena de flores, veladoras y adornos de papel picado.


De inmediato se bautizó a Huberty como “McMurder”. Asombrosamente, la esposa de Huberty demandó a McDonald’s por cinco millones de dólares, alegando que la comida de la cadena era lo que había enloquecido a su marido; perdió la demanda. La banda Macabre grabó la canción “McMassacre”, dedicada a Huberty. Inspirada en su caso y en el de otros asesinos en masa, se filmó la película Un día de furia, protagonizada por Michael Douglas y Robert Duvall; allí aparece la escena de la hamburguesa pequeña. Con el tiempo, otros asesinos en masa imitarían su ejemplo.
Finalmente, este policía llamado Chuck Foster le disparó en el pecho y lo mató




viernes, 5 de junio de 2009

LA MASACRE DE MC DONALD´S
Primera Parte

Lic. Pedro Rivera Briseño

James Oliver Huberty provenía de un hogar roto. Su único amigo durante su solitaria infancia había sido su perro. Su madre, que lo había abandonado a él y a su hermana cuando eran pequeños, se limitó a decir: “Yo necesitaba ayuda”.

Huberty se casó y tuvo dos hijas. En 1965 recibió una licencia especial del Pittsburg Institute of Mortuary Science para poder practicar embalsamamientos. Después se licenció en Sociología por una pequeña universidad cuáquera de Ohio y se compró una casa; pese a su pasado de abandono, era un hombre de familia estable. Sin embargo, perdió su trabajo de soldador al cerrar la empresa y nunca llegó a practicar ningún embalsamiento.Según testimonios, muchos de sus amigos creyeron que era comunista tras oírlo despotricar contra el sistema capitalista después del cierre de su empresa. Sin embargo, su esposa Etna dijo: “Si hay que ponerle alguna etiqueta a James, es más bien la de nazi”. Eran varias las escenas de violencia doméstica vividas entre ellos; Etna era una mujer muy violenta y agredía a Huberty constantemente, sobre todo cuando estaba ebria.

Huberty decidió trasladarse al oeste del país e iniciar una nueva vida, pero perdió mucho dinero con la venta de su casa. Inexplicablemente, se trasladó a la población fronteriza mexicana de Tijuana donde, incapaz de hablar español y sintiéndose (según su esposa) “desvalido, perdido y rechazado”, empezó a desarrollar un odio intenso hacia los hispanoamericanos.El único empleo que consiguió fue el de guardia de seguridad, pero fue despedido a las pocas semanas. En lo que al parecer fue un último intento por salvar lo que quedaba de su vida, Huberty solicitó un puesto en una clínica de salud mental, pero no lo consiguió, pese a tratarse de una institución con falta de plantilla.

Luego volvió a trasladarse a Estados Unidos y se instaló en una casa de San Ysidro, desde la que se veía un local de la cadena de hamburgueserías McDonald's, muy frecuentado precisamente por jóvenes hispanos.

El 17 de julio de 1984, Huberty llamó a una clínica mental y pidió ayuda. La recepcionista apuntó su apellido como “Shouberty”; como no se trataba de ninguna emergencia, nadie le devolvió la llamada. Huberty se fue a un McDonald’s en el barrio de Clairemont (al norte de San Diego) y estuvo allí varias horas.

El 18 de julio estuvo en el zoológico de San Diego con su familia. Empezó con la visita a los animales enjaulados; allí hizo varios comentarios donde reflejaba su amargura y resentimiento social al compararse con ellos. Se sentía atrapado por las circunstancias.
Llevó luego a su familia a casa y le anunció a su esposa: “¡La sociedad ha tenido su oportunidad! Voy a cazar... ¡a cazar humanos!”. Tomó sus armas y partió en su destartalado automóvil Mercury. Un testigo que lo vio salir armado a la calle llamó a la policía, pero les dio la dirección equivocada.

Huberty fue primero al supermercado Big Bear. Rondó por allí un rato y después se marchó. Se dirigió a la oficina postal, pero tampoco hizo nada. Finalmente, regresó al rumbo de su casa, llegó a la hamburguesería McDonald’s, entró y pidió una hamburguesa y unos McNuggets de pollo.

Cuando vio el tamaño de su hamburguesa, le reclamó al empleado señalando la fotografía publicitaria sobre el mostrador, la cual mostraba una hamburguesa enorme y jugosa. El empleado, un hispano, lo trató mal; Huberty, enojado, resentido y silencioso, salió del restaurante. Continuará...
James Oliver Huberty
El Multiasesino

viernes, 22 de mayo de 2009

CRISTO REY AÑO 2000
El cristo en construcción


Lic. Pedro Rivera Briseño



Los brazos abiertos del Cristo Rey acogen a Tijuana desde la iglesia de San Martín de Porres ubicada en la colonia Los Álamos.

Su creador fue el presbítero Antonio Mata Villegas, originario de Panindícuaro, Michoacán, quien fue ganador post mortem de la Medalla al Mérito Cívico 2008. (Murió el 10 de abril de 2008).

Desde varios puntos de la ciudad se puede admirar el Cristo, hecho de fibra de vidrio que mide desde su base 23 metros 30 cm., la pura cabeza mide 3 metros y en su mano cabe un hombre acostado; desde la perspectiva actual, no parece tan grande. Se montó en capas de dos metros, una por una hasta lograr completarla.

En 1 de enero de 1986 el presbítero Antonio Mata Villegas fue nombrado párroco de la parroquia de San Martín de Porres, por el segundo obispo de Tijuana, excelentísimo Juan Jesús Posadas Ocampo.

De ser una pequeña construcción quedó en una hermosa iglesia, con sus torres, cúpulas, kiosco, arcos, capilla Cristo Rey y criptas. Tanto en el interior como exterior el contribuyó al mejoramiento de la iglesia para el bien de la comunidad.

En 1997 inició un gran proyecto para crear un Cristo Rey, que mide 23.30 metros y pesa aproximadamente 9 toneladas. Los materiales utilizados para la elaboración fueron resina, yeso y fibra de vidrio.

En la narración que hace su sobrina María de Jesús Durán Mata, explica que los trabajos de inicio de construcción del Cristo comenzaron el 26 de febrero de 1997 y se terminó en marzo de 1999, se colocó el 10 de mayo del 2000, por lo que a partir de entonces se le denominó “Cristo Rey Año 2000”.

Cabe señalar que el Cristo ha sido nombrado “Monumento Histórico de Tijuana”, está publicado en el libro “La ruta de los monumentos históricos de Tijuana” del autor Julio Rodríguez Barajas, Editorial IMAC.
Su último trabajo en la capilla “Cristo Rey año 2000” en su diseño tanto interior como exterior fue su idea, así como el diseño de los ángeles, puertas, vitrales, pinturas e imágenes y las criptas.

Desde su llegada a la parroquia de San Martín de Porres el padre Antonio Mata Villegas, decidió evangelizar, atender grupos parroquiales y participar activamente en la vida espiritual de la iglesia.

Sin esperar más tiempo decidió bardear el terreno, construir arcos, exteriores e interiores, el kiosco, las torres y las cúpulas de la iglesia, fuente, vitrales, entre ellos uno de la Virgen de Guadalupe, salones parroquiales, casa parroquial, cocina-comedor. Llevándose para su construcción total un periodo de 15 años.
La construcción del Cristo Rey se considera una inspiración personal del Padre Antonio Mata Villegas, el diseño tanto del Cristo como de los Ángeles fue de él, un sueño; el de lograr la Plaza de Cristo Rey que constara de la imagen de Cristo Rey, su capilla y 28 ángeles rodeando la plaza y criptas para depositar urnas con cenizas.

Construido por los artistas Sr. Virginio Ramírez e hijos la bella imagen recuerda el Cristo del Cerro del Cubilete en Guanajuato o quizás el de Córdova en Brasil.
Los 28 ángeles que fueron colocados en forma de herradura en su alrededor fueron donados en su mayoría por bienhechores y también por los feligreses a la comunidad parroquial.

En la parte frontal de la capilla se pueden apreciar los vitrales de la Ascensión del Señor, la Crucifixión y Jesús bajado de la Cruz.

El padre Antonio Mata Villegas dijo: “Yo quiero dejarles un recuerdo a la comunidad y a todas las personas que pasen por ahí, para que vean a Cristo Rey con sus brazos abiertos”.
En el interior de la capilla se observa la pintura “El Juicio Final” de Miguel Ángel, réplica de la Capilla Sixtina, que se encuentra ubicada en el Palacio de los Apostólicos de Ciudad del Vaticano en Italia.

Cristo Rey en la actualidad


Fuentes: www.el-mexicano.com.mx/noticias/estatal/2008/12/28/cristo-rey-ano-2000.aspx - 64k –

http://www.lacruzdecal.com/ed/articles/2003/0803fp.htm

sábado, 16 de mayo de 2009

EL TRAILERO DE LA RUMOROSA

Lic. Pedro Rivera Briseño

Hace mucho tiempo, sobre la carretera de La Rumorosa, un trailero manejaba a toda velocidad rumbo a Mexicali, pues su esposa estaba a punto de dar a luz y quería llegar rápido a su casa, ya que llevaba dinero para lo que se ofreciera, mas cuando iba a tomar una peligrosa curva perdió el control y se estrelló contra unas rocas.


El chofer se bajó del trailer todo aturdido, se miró el cuerpo y se alegró al darse cuenta que no le había pasado nada. Entonces esperó a que pasara alguien para que le ayudara o lo llevara a la ciudad, pero durante mucho tiempo nadie cruzó aquellos cerros. El hombre se quedó dormido y cuando despertó se sorprendió al ver todo oscuro; no entendía qué pasaba así que decidió caminar, caminó y caminó, avanzó una buena distancia, sabía que la salida de La Rumorosa estaba cerca y sin embargo, cuando se dio cuenta se encontró en el mismo lugar del accidente..

A los tres días hallaron el camión pero no al conductor; de él no se supo nada. Hasta que en una ocasión, años más tarde, un muchacho que manejaba un trailer se detuvo porque un hombre le hizo señas.

—Amigo, me llamo Francisco Vázquez y necesito con urgencia que mi mujer reciba un dinero porque va a tener un niño. Yo no puedo ir, mi trailer se descompuso y no lo puedo dejar aquí.

—Sí, señor, con gusto se lo llevaré —contestó el muchacho— sólo dígame dónde vive su señora.
El hombre le entregó un papel en el que anotó la dirección y el nombre de su esposa. Al despedirse, el joven sintió que un escalofrío le recorría la espalda, pues al darle la mano, el señor estaba tan frío como un muerto. El muchacho no le dio importancia, subió a su trailer y se encaminó a la ciudad de Mexicali.

Al día siguiente, fue a buscar a la señora pero no la encontró; alguien le dijo que ya no vivía ahí, que hacía tiempo se había cambiado. Sin darse por vencido, preguntó en varios lugares hasta que, por las señas del papel, una anciana le indicó dónde vivía. Al llegar dio unos golpes en la puerta y esperó a que le abrieran.

— ¿Dígame joven? —le preguntó la señora.
—Perdone, ¿aquí vive la esposa del señor Francisco Vázquez?
—Soy yo —contestó ella— ¿qué se le ofrece?
—Ayer en la carretera, su esposo me pidió que le trajera este dinero, porque se le descompuso el trailer...
— ¡No puede ser! —Lo interrumpió la señora tapándose la boca—. Mi marido murió hace cinco años.

Al muchacho le temblaron las piernas, le dejó el dinero a la señora, que se puso a llorar, y se fue para su casa todo asustado. Cuando llegó, apenas había cerrado la puerta cuando descubrió frente a él al trailero de la carretera y brincó espantado; sentía que una fuerza extraña lo invadía.

— ¡Gracias, amigo! —le dijo el muerto con voz cavernosa, mientras desaparecía.

El joven podía escuchar los latidos de su corazón y tardó un buen rato en recuperarse de la impresión. Tiempo después, al platicar con unos amigos, se enteró de que el trailero ya se les había aparecido a otros hombres, mismos que no habían cumplido el encargo del muerto, por eso se les fue secando el cuerpo hasta quedar como esqueletos.

FUENTE: Tomado del libro La Rumorosa y los aparecidos. Textos de Rubén Fischer. Puedes consultar el resto de las leyendas en esta dirección electrónica:

http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/sites/litinf/rumorosa/html/sec_3.htm

viernes, 1 de mayo de 2009

TIJUANA TERCER MILENIO


Lic. Pedro Rivera Briseño

Se trata de la figura de una mujer parada entre las casas construidas frente a la carretera que conduce al aeropuerto de Tijuana. Emerge sobre una ladera algo empinada, muestra un tamaño descomunal, luce formas perfectas y está totalmente desnuda, lo que en conjunto la convierte en un importante atractivo visual para residentes y visitantes. Esta escultura es visible desde una gran distancia y se ubica en la calle Ensenada de la Colonia Aeropuerto, en el extremo norte de esta ciudad fronteriza.

La escultura fue denominada como Tijuana Tercer Milenio, conocida de manera popular como La Mona o La Mujer Blanca, obra de un artista local. Creada con el propósito de celebrar el centenario de la ciudad, inició su realización en el verano de 1988 y se concluyó e inauguró en marzo de 1990. Se le considera una obra escultórica única debido a sus enormes dimensiones -supera los 17 m de altura-, estética y con un fin utilitario.

En realidad es una vivienda muy especial, pues cuenta con cuatro niveles bien distribuidos y comunicados: en la cabeza está la oficina, en el pecho una recámara con dos camas, en el estómago la cocina y en los glúteos se ubican los sanitarios, como una alusión a la vida real. Su construcción, además de contar con escasos recursos económicos, representó diversos problemas, pues requirió técnicas especiales, que fueron adaptadas por su creador Armando Muñoz García, quien invirtió casi dos años de trabajo intenso para concluir ésta, su primera obra monumental. Y no fue para menos, pues la cantidad de material utilizado alcanza en total un peso cercano a las 18 toneladas.


El autor de tan llamativa mujer es un orgulloso nativo de Tijuana que desde muy joven se inició en la pintura, además de haber incursionado en la escultura, la actuación en teatro, la literatura y todo lo productivo que su tiempo libre e imaginación le permitían hacer. Argumenta que la obra resultó un enorme esfuerzo individual sólo posible por el apoyo familiar y de algunas personas que creyeron en su proyecto.

Fuente: México desconocido No. 321 / noviembre 2003

miércoles, 15 de abril de 2009

EL CULTO A LA SANTA MUERTE
Estatua erigida en Tultitlán, Edo. de México


Lic. Pedro Rivera Briseño

UN ORIGEN INCIERTO

El origen del culto a la Santa Muerte es muy incierto, aún para sus mismos promotores. Algunos de ellos lo consideran un culto prehispánico, que sobrevivió a pesar de la oposición de la Iglesia católica.

Aunque es comprensible la extensión de este peculiar culto, pues responde a las necesidades más apremiantes de los mexicanos, especialmente en el contexto socioeconómico actual, caracterizado por el desempleo, la pérdida del poder adquisitivo y múltiples problemas en las relaciones interpersonales, conviene señalar que no se trata de una devoción auténtica, pues conduce a la idolatría, tan condenada por las Sagradas Escrituras.

Según los que promueven esta «devoción», se trataría de la supervivencia del culto a Mictlantecuhtli, que, en la mitología azteca, es el dios de la muerte, señor del Mictlán, el silencioso y oscuro reino de los muertos. Esta divinidad prehispánica se asemeja al dios maya Ah Duch, al que solía representársele como un cuerpo putrefacto con una cabeza casi calavérica adornada con campanas y collares de huesos y plumas.

A Mictlantecuhtli se le representaba como un esqueleto, o al menos su cabeza es una calavera. Los aztecas, con el fin de tener aplacado a Mictlantecuhtli, le enviaban regalos suntuosos, entre los que no faltaban pieles de hombres desollados para que cubriera sus huesos descarnados.

Otros difusores de este tétrico culto lo consideran de origen africano, introducido por los miles de esclavos africanos que fueron arrancados de su tierra para trabajar en los territorios conquistados en el Nuevo Mundo, aunque esta teoría es poco consistente.
La colonización española logró disminuir el culto a la muerte, pero no erradicarlo, de manera que permaneció oculto hasta el siglo XIX, cuando ocurrió un resurgimiento en su devoción.

La Santa Muerte se le apareció en una visión a un brujo chamán del pueblo de Orizaba, en el estado mexicano de Veracruz. Según esta versión, la Santa Muerte le ordenó a este chamán difundir su culto. Ella, por su parte, se comprometió a auxiliar grandemente a quien acudiera a ella en búsqueda de ayuda. A partir de allí, su culto se ha difundido tanto que encontramos comunidades en Internet que propagan esta devoción.

La festividad de la Santa Muerte se celebra durante tres días, del 31 de octubre al 2 de noviembre. La noche del 31 de octubre se reza un rosario para vestirla con la túnica apropiada (a veces de blanco como a una novia).
El 1 de noviembre se le hace una ceremonia para agradecerle los favores concedidos a los vivos y el 2 de noviembre encabeza los rituales para recordar a los que ya se fueron.

Su altar está repleto de ofrendas y velas multicolores, mientras que a su alrededor se postran sus fieles seguidores con voces de arrepentimiento y devoción. Sin embargo, no se trata de una representación virginal religiosa, sino de la escalofriante imagen de una siniestra calavera.
La tenebrosa figura es reconocida en México como la "Santa Muerte" y es idolatrada por un considerable número de adeptos que se incrementa a diario.

De manera similar a un santo de la religión católica, su imagen cuenta con una estatua, aunque ésta consista de un esqueleto envuelto en un vestido y velo brillantes, con una cabellera larga y lacia, y unas manos cuyos huesos son adornados con anillos y joyas de perlas, oro y plata, mientras sostiene una guadaña amenazante.
Debido a la creencia de que prefiere no ser llamada por su nombre, se dice que la muerte agradece si es nombrada con cariño con el uso de alguno de sus apodos favoritos, tales como "La Comadre", "La Bonita", "La Flaca", "la Señora" o "La Niña".

Hoy la veneración a esta deidad se extiende por varias regiones del territorio mexicano, siendo narcotraficantes y otros delincuentes sus más fervientes creyentes.
Aunque la Iglesia Católica condena esta veneración, denominándola como "pecaminosa", algunos asocian esta práctica con la Iglesia. Mientras tanto a la mayoría de sus seguidores parece no importarle la contradicción entre su religión y el culto pagano a "La Comadre".
Por ello, se organizan rituales similares a los cristianos, incluyendo procesiones y oraciones con el fin de ganar su favor.

Muchos hasta llegan a erigir su propio altar en su hogar, oficina o negocio para sentirse protegidos por ella. El altar suele consistir de una estatuilla cuyas medidas va de 15 centímetros a tamaño humano, rodeada de distintas ofrendas, entre las cuales se encuentran arreglos florales, frutas, inciensos, vinos, monedas, dulces y golosinas, además de velas, cuyo color varía de acuerdo a la petición.
Como elementos indispensables se exigen los puros, los cuales deben estar constantemente encendidos, y el imprescindible pedazo de pan.


La gente acude a ella para pedirle milagros o favores relacionados con el amor, la salud o el trabajo.
Por otro lado, también se le pide por fines malévolos, tales como la venganza y la muerte de otros.
Sus simpatizantes suelen identificarse al portar algún dije o escapulario de su imagen, mientras que otros optan por llevar su figura de manera indeleble, al tatuársela en la piel.

Inicialmente su devoción era exclusiva de criminales, incluyendo contrabandistas, pandilleros, ladrones y prostitutas, quienes suelen hacerle peticiones, tales como el librarles de las balas de la policía o de cualquier otro mal, como por ejemplo, la cárcel.

El escritor y poeta mexicano Homero Aridjis, autor del libro "La Santa Muerte", ha seguido y ha documentado este fenómeno desde muy cerca.
En una entrevista, llegó a comentar que hay personas que incluso llegan a pedirle a la "deidad" que "les ayude a secuestrar o a asaltar a alguien".

Contradictoriamente, es fácil encontrar devotos del otro lado de la ley, entre ellos militares y policías, quienes piden una bendición para su pistola y sus balas. Incluso, la devoción a "La Flaca" se ha convertido en algo popular dentro de la elite política y empresarial.
Aquellos que acuden a su altar la veneran como si fuese una santa, persignándose y rezándole para que se cumplan sus peticiones.
El apego a esta creencia se ha extendido al territorio estadounidense con la inmigración de varios de sus discípulos, quienes afirman haber entregado su travesía a su "santa", llevando entre sus ropas imágenes de ella para mantener su continua protección.


A ella dicen deberle el lograr cruzar la frontera "sanos y salvos". Por su parte, la Iglesia afirma que el culto a la muerte es una "equivocación", ya que no es ninguna santa, mientras que sus fieles continúan vendiendo amuletos, devocionarios y escapularios con su imagen.


Para sus críticos, les será muy difícil eliminar el fervor que existe entre sus fieles creyentes.
Para sus seguidores, quizás sea simplemente el anhelo de querer creer en algo, aunque sea algo tan sombrío como la muerte, o tal vez sea un intento por restarle miedo al destino humano y simplemente ornamentarlo.

Fuentes:
La Palmainteractivo.com

http://www.vanguardia.com.mx/

domingo, 29 de marzo de 2009


LA REINA CALAFIA
Segunda Parte

Lic. Pedro Rivera Briseño


Origen del nombre California

El relato que acabas de leer (La Reina Calafia, Primera Parte) era muy conocido por los españoles que conquistaron México. Se enteraron de él en un libro bastante popular en esa época, llamado “Las Sergas de Esplandián”. En este se cuenta las hazañas del príncipe Esplandián, que era amigo de Talanque, el rey que se caso con Calafia. El libro fue escrito por Garci Ordóñez de Montalvo y se publico en España en el año de 1510. En ese tiempo se usaba la palabra “sergas” para significar hazañas, aventuras.

A los conquistadores españoles les gustaban mucho los libros del tipo de las sergas de Esplandián y los llamaban novelas caballerescas; trataban de aventura, batallas, personajes extraordinarios y lugares fantásticos. Por eso les impresionó tanto el relato de Calafia y la isla de California, de tal manera que lo comentaban animadamente entre ellos, al igual que las personas de hoy platican de las novelas que ven en la televisión.

Un grupo de esos conquistadores, encabezado por Hernán Cortés, vino en 1535 a lo que hoy llamamos península de Baja California. Pero hay que aclarar que ese tiempo esta no tenía ningún nombre todavía, y además no se sabía que era península, es decir, que está unida por el norte al resto del continente, sino que se creía que era una isla, rodeada de agua por todas partes.

En esos años había muchas ideas fantasiosas, pues, por ejemplo, se decía que esta “isla” era riquísima en oro y perlas, y que la gobernaba una mujer de gran estatura, casi una giganta; además se escuchaba que por estos rumbos había lugares habitados solo por mujeres.

Como comprenderás, a los conquistadores que venían con Cortés todo eso les pareció muy semejante al relato de la reina Calafia contenido en las Sergas de Esplandián, de tal manera que a esta tierra en que se encontraban le dieron el nombre de la isla fantástica que se describe en la novela. Fue así como la llamaron California.

Andando el tiempo se supo que se trata de una península y no de una isla, pero el nombre se conservó y además se aplico no solo a la península, sino también a la región que esta al norte. Para distinguirlas, a esta se le llamo Alta California y a donde vivimos Baja California.

La explicación del origen del nombre de nuestra tierra, que acabas de leer, está considerada como correcta por personas que han estudiado mucho sobre el asunto, y por lo mismo ya no se aceptan otras explicaciones que se daban anteriormente. Como ves, California es un nombre muy bonito, salido de las páginas de un interesante libro de aventuras.


Los españoles en la region austral de la peninsula


Quizá te desilusione el no ver a tu alrededor el oro ni las riquezas fabulosas que según se decía aquí abundaban, pero debes advertir que lo más valioso de todo es el trabajo y las virtudes de los hombres y precisamente con el trabajo de todos estamos haciendo una Baja California cada día mejor. Por eso si nos esforzamos en nuestras labores y en superar nuestra conducta personal, haremos de este lugar que se caracteriza por su progreso y su ambiente de cordialidad, justicia, bondad, Belleza, paz. ¿Puede haber mayores riquezas que estas?

Fuente: La reina Calafia y el origen del nombre de California (cuento para niños)
Dirección de difusión cultural del Edo. De B.C., Mexicali, B.C. 1977, Textos de David Piñera Ramírez.


P.D. DE “EL DIVULGADOR”: El documento Original, del autor Garci Ordoñez de Montalvo, contribuyó a precipitar la búsqueda de oro por los españoles en América del Norte. En 1535 cuando el explorador Hernán Cortés desembarcó con su tripulación en lo que hoy se conoce como Baja California, creyeron que habían llegado a la tierra de Calafia.

Una parte del original de este documento “Las sergas de Esplandián” fue traducida por Edward Everett Hale para la Sociedad de Anticuarios y la historia se imprimió en la revista Atlantic Monthly en 1864. En 1770, toda la costa del Pacífico estaba controlada por España y se le dio el nombre de California y a las personas de habla española que vivían allí, fueron llamados Californios. (Yoreme´s Weblog)





Garci Rodríguez de Montalvo tiene el honor, sin pretenderlo, de haber dado nombre a una amplia región del continente americano, ya que uno de los lugares imaginarios que aparece en la obra de Las sergas de Esplandián, una isla denominada Ínsula California, alcanzó notoriedad cuando los conquistadores españoles impusieron su nombre a lo que hoy es una amplia región de México y los Estados Unidos.